lunes, mayo 02, 2011

Preguntas difíciles sobre el caso Bustos Fierro

Copio y pego un texto de Sergio Carrera que está publicado en la edición digital del Diario La Voz de Córdoba.

Preguntas difíciles sobre el caso Bustos Fierro
Aunque la vida privada y las reacciones personales no puedan ser juzgadas por terceros, es claro que aquí hay un asunto de interés público:

La difusión del episodio que protagonizó Javier Bustos Fierro con la empleada de una whiskería de Villa Carlos Paz, arroja preguntas y sospechas que deberán ser respondidas en los próximos días por la familia Bustos Fierro y por quienes participan en la campaña recaudatoria de los tres millones de dólares que serían necesarios para salvar la vida de sus tres hijos varones.

Los niños, se informó, están afectados por adrenoleucodistrofia, una enfermedad degenerativa que los dejará en estado vegetativo si no son asistidos a tiempo.

La campaña Un milagro para Agustín ha sido inédita por varios motivos:

1) Busca obtener una cifra gigantesca, tres millones de dólares, para pagar los servicios de un equipo especializado de un hospital de Minnesota, en Estados Unidos, dirigido por el hematólogo Paul Orchard, que realizará los trasplantes de médula a los niños.

2) Consiguió la solidaridad, en todo el país, de figuras populares del mundo del espectáculo y del deporte, y de los argentinos anónimos que contribuyeron con sumas importantes desde depósitos bancarios y donaciones con tarjetas de crédito, hasta con monedas de centavos en canchas de fútbol, centros turísticos, quioscos y plazas por donde anduvieron las urnas recaudatorias.

3) La campaña millonaria se hizo pese a la opinión contraria de los gobiernos provincial y nacional. Ambos se ofrecieron a facilitar las operaciones en el Hospital Garraham, un centro sanitario público de alto nivel que ya ha realizado más de 350 trasplantes de médula.

La Jefatura de Gabinete subió a Youtube el testimonio de la directora del hospital porteño, Josefa Rodríguez, quien aseguró que “no sólo el Garraham sino muchas otras instituciones de nuestro país pueden dar respuesta a esta familia”. Agregó que quedaron a la espera de que los Bustos Fierro, a quienes recibieron en febrero, volvieran a consultarlos.

La molestia que produjo el episodio del padre de Agustín no sólo tiene que ver con la mirada que hace el público sobre su vida privada.

Primero, fue a “festejar”–según sus declaraciones– a un cabaret cuando todavía no se sabe qué sucederá con la salud de sus hijos y, segundo, se moviliza en un auto de alta gama, que cuesta 40 mil dólares.

Las miles de personas que contribuyeron con la campaña pese a tener un pasar económico mucho más modesto se preguntan si la familia va a costear las operaciones de sus hijos sólo con el dinero ajeno, sin resignar su estándar de vida.

Es muy distinta la imagen que se espera de un padre cuyos hijos están en peligro de muerte.

Aunque la vida privada y las reacciones personales no puedan ser juzgadas por terceros, es claro que aquí hay un asunto de interés público: la sociedad está poniendo millones de pesos para que esta familia haga frente a una muy difícil circunstancia de vida.

Sería muy bueno que en los próximos días la familia y los organizadores de la campaña recaudatoria publiquen con el mayor detalle posible, la rendición de hasta el último centavo que ingresa por la cruzada, y vayan actualizando esos datos con la mejor periodicidad que se pueda.

También sería necesario mostrar los documentos del hospital estadounidense en los cuales se detallen los costos de la millonaria intervención, y las opiniones médicas que avalen la decisión familiar de no aceptar la ayuda del Hospital Garraham y preferir la atención en el extranjero.

¿Cuáles son los profesionales que apoyan esta decisión y con qué argumentos?

Los organizadores de la campaña Un milagro para Agustín tienen la obligación de aclarar todos esos aspectos.

De lo contrario quedarán heridas de muerte las futuras campañas para los hermanos de Agustín, y cualquier otra que una familia emprenda en el futuro para requerir la solidaridad de la sociedad.

Es un costo demasiado alto para responder con el silencio.

También queda, a futuro, la necesidad de ver si el Estado deberá regular estas campañas solidarias para evitar –no decimos que sea este el caso- que el favor público termine siendo estafado.


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